diumenge, 4 de maig del 2008

El comienzo de la imaginación




En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un herrero, cojo, feo y maltrecho. Poco después de nacer fue abandonado por su familia. Cuando llegó a edad madura, se dedico al hierro, se apasiono por este oficio y dedicaba sus horas en fabricar armaduras, armas y joyas. El hombre, a pesar de sus defectos físicos, era muy adorado por su pueblo. Estaba enamorado de una hermosa doncella, que nunca ni siquiera en sus propios sueños podría tener, esta se llamaba Diana y era hija de un comerciante, para seducirla le fabricó una maravillosa joya, que devolvería loca cualquiera mujer, y la pidió casarse con él, pero la chica negó el regalo y le dijo que era demasiada bella y hermosa para ser su mujer. El herrero, por la frustración y por su determinación en obtener la joven, decidió raptarla.

Durante su secuestro, el herrero marcó con una barra de hierro calentada la cara y el cuerpo de la joven hasta perder toda su belleza, luego le dio un espejo para contemplar su cara, cuando Diana se miró en el espejo sintió un dolor odioso. El herrero no quería hacerle ningún daño pero era el único modo para compartir la vida con Diana, ya que ahora ella también tenía defectos físicos.