diumenge, 18 de maig del 2008

*De la novela al teatro

Capítulo XLIII

Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos
(Historia de Doña Clara y Don Luis)
Dividiremos este capítulo en dos actos. En el primer acto hay dos escenas en el segundo acto hay una escenas.

La historia trata sobre el amor que surge entre Doña Clara ,que es hija del oidor ,el cual es hermano del cautivo,y Don Luis, quien es hijo de Don Fernando.
Don Luis conoce a Doña Clara desde hace mucho tiempo y la sigue vaya donde vaya para cantarle versos de amor. Un día el padre de Doña Clara oye al Don Luis y le pregunta que hace allí ,este le cuenta todo lo sucedido y le dice que se quiere casar con su hija. El oidor acepta la petición del matrimonio siempre y cuando este de acuerdo el padre de don Luis.

Acto I
Escena I

Vemos en la habitación de la venta a Doña Clara y Dorotea se encuentran durmiendo en sus lechos. A fuera se oye a Don Luis cantando sus canciones de amor.

Dorotea
:—Perdóname, niña, que te despierto, pues lo hago porque gustes de oír la mejor voz que quizá habrás oído en toda tu vida.
La chica se levanto asustada cuando oyó la voz de Don Luis, luego abrazo a Dorotea y le dijo:

D.Clara
:—¡Ay señora de mi alma y de mi vida! ¿Para qué me despertastes? Que el mayor bien que la fortuna me podía hacer por ahora era tenerme cerrados los ojos y los oídos, para no ver ni oír a ese desdichado músico.

Dorotea
:—¿Qué es lo que dices, niña? Mira que dicen que el que canta es un mozo de mulas.

D.Clara
:—No es sino señor de lugares y el que le tiene en mi alma , con tanta seguridad , que si él no quiere dejalle, no le será quitado eternamente.

Dorotea
:—Habláis de modo, señora Clara, que no puedo entenderos: declaraos más y decidme qué es lo que decís de alma y de lugares y deste músico cuya voz tan inquieta os tiene... Pero no me digáis nada por ahora, que no quiero perder, por acudir a vuestro sobresalto, el gusto que recibo de oír al que canta, que me parece que con nuevos versos y nuevo tono torna a su canto .

D.Clara
:—Sea en buen hora —respondió Clara.
Dorotea: —No digáis más, señora doña Clara no digáis más, digo, y esperad que venga el nuevo día, que yo espero en Dios de encaminar de manera vuestros negocios que tengan el felice fin que tan honestos principios merecen.
D.Clara:—¡Ay, señora! —dijo doña Clara—, ¿qué fin se puede esperar, si su padre es tan principal y tan rico, que le parecerá que aun yo no puedo ser criada de su hijo, cuanto más esposa? Pues casarme yo a hurto de mi padre, no lo haré por cuanto hay en el mundo.

Escena II
(Capítulo XLIV-Disputa por Don Luis)

Un criado va a preguntar al ventero sobre un joven :
Criado: ¿a caso habéis visto a un muchacho de edad de quince años?

Ventero:
No estoy seguro porque la venta está llena de gente, pero me parece haber visto a este muchacho acompañando el coche del oidor.
El criado habla con otro criado que le acompaña.

Criado:
Aquí debe estar !
Uno de los criados encontró a Don Luis entre las mulas y le dijo :

Criado (1):
—Por cierto, señor don Luis, que responde bien a quien vos sois el hábito que tenéis y que dice bien la cama en que os hallo al regalo con que vuestra madre os crió.
Aquí no hay que hacer otra cosa, señor don Luis, sino prestar paciencia y dar la vuelta a casa, si ya vuestra merced no gusta que su padre y mi señor la dé al otro mundo, porque no se puede esperar otra cosa de la pena con que queda por vuestra ausencia.

D.Luis:
—¿Pues cómo supo mi padre que yo venía este camino y en este traje?

Criado
:—Un estudiante a quien distes cuenta de vuestros pensamientos fue el que lo descubrió.

Acto II
Escena I

El oidor quien reconoció a su vecino y le lamo para hablar con él:
Oidor: ¿ A qué es debida vuestra presencia vecino mio?

D.Luis:—
Señor mío, yo no sé deciros otra cosa sino que desde el punto que quiso el cielo y facilitó nuestra vecindad que yo viese a mi señora doña Clara, hija vuestra y señora mía, desde aquel instante la hice dueño de mi voluntad; y si la vuestra, verdadero señor y padre mío, no lo impide, en este mismo día ha de ser mi esposa.
El oidor se quedo confuso y admiraba lo que le decía.

Oidor:
A mi me parece verdadero el amor que sentís por mi hija, pero me gustaría que os fuerais a pedir permiso a vuestro padre para el matrimonio.

Don Luis , entre las lágrimas ,besó la mano del Oidor, y le dio las gracias por aceptarle como yerno.
FIN

Chanez & Veselina