dilluns, 5 de maig del 2008

*Yo Marcela


Discurso de Doña Clara:


Yo nací noble y para poder disfrutar de esta nobleza tenía que vivir en el mundo formal en el que mi padre me introduzco desde mi infancia, los largos viajes de aldea en aldea, cuando le tocaba cambiar de sitio de trabajo, porque es Oidor. Pero no sabía que pertenecer a la nobleza significaba dejar en un armario sus sentimientos más profundos y hacer ver a la gente que me rodea lo que quieren ver, una muñeca de trapo. A los que me he enamorado con la vista me engañaron con la palabra y los actos. En Don Luis he encontrado lo que una mujer desea, un hombre fiel, romántico, valiente, sensible, si sus sentimientos hacían mi son verdaderos, y si él me mandará escaparme con él y volver a la albada como dos amantes, lo haría en este mismo momento, pero Don Luis no es así, es un caballero que no falta a su palabra, y si él con todo el tiempo que sigue siguiendome por donde los caminos me llevan ¿ porque no podemos estar juntos? Si yo lo quiero y quiero que sea mío para la eternidad hasta que aparezcan las arrugas en nuestras caras ¡escuchadlo ahora como hermosa es su voz, como dulces son sus palabras! Cada noche desde que me vio me canta los más agraciados poemas. Quiso ahora confiarme a ti Dorotea para librarte la desesperación que me encarcela. El cielo, la tierra, las montañas incluso tu ahora sois testigos del amor que lleva por mi, menos mi padre, de quién me moriré si llegase a conocer nuestros deseos, ¿porque esto no puede ser tan simple como el agua transparente que fluye en los río?

¿ porque debo someterme al juicio de mi padre? no tengo bastante conocimientos para decidir en mi propio nombre ¿porque debo escoger lo que la gente elige para mi? soy yo quién tiene el poder de escoger lo que a mis ojos es el mejor para mi felicidad, que a Don Luis le mata cada día el hecho de no estar a mi lado, su impaciencia y su deseo hacia mi no hacen más que dañarle, que si mi padre lo apartará de mi camino, este se morirá por mi, yo no quiero tener en conciencia la muerte de mi fervoroso servidor, no quiero engañarle como engañó Marcela al pobre Grisóstomo, no quiero vivir en soledad perpetua, no quiero a ningún otro hombre, que sea rico, guapo o feo, yo solamente quiero ser querida por mi querido; quién quiere que sea mío, que me ayude o si por cobardía déjeme morir, tiene mis sueños y deseos y si por desgracia no puedo estar con él en este mundo, lo estaré en el otro .